Viernes, 21 Agosto 2026

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Que escuchen los mansos y se alegren

Que escuchen los mansos y se alegren

Gustate et videte como respuesta eucarística al Evangelio del corazón manso de Cristo

En el domingo XIV del Tiempo ordinario, Año A, el evangelio no ofrece una teoría de la mansedumbre, sino que abre una escuela: discite a me, quia mitis sum et humilis corde ( aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón; Mt 11, 29). En la comunión, sin embargo, la liturgia no repite esa frase. No la explica, no la comenta. Hace otra cosa: canta. El Communio del domingo, según el Graduale Romanum, es Gustate et videte, quoniam suavis est Dominus (prueba y verás qué bueno [suave] es el Señor; Sal 33, 9). Como si la Iglesia dijera que la mansedumbre del corazón de Cristo no se entiende desde lejos, como una idea moral que hay que admirar: se saborea, se recibe, se aprende en la mesa. San Agustín, al llegar a este versículo, no duda: aquí el salmo ya habla abiertamente del sacramento, del saborear que es comer la carne y beber la sangre del Señor. Gustate et videte (prueba y verás) no es solamente una invitación poética a la dulzura de Dios; es un umbral eucarístico. [1]

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La fineza mayor está oculta en el propio salmo, pocas líneas antes del versículo que se canta: in Domino laudabitur anima mea: audiant mansueti et laetentur (en el señor se gloriará mi alma: que escuchen los mansos y se alegren; Sal 33, 3).

La antífona canta sobre el saborear; el salmo custodia la escucha de los mansos. La comunión educa tanto el paladar como el oído; quien saborea al Señor aprende también a escuchar sin endurecerse. Porque no todos escuchan de la misma manera: quienes tienen el corazón armado escuchan y se irritan; quienes son mansos, escuchan y se alegran.

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San Agustín, comentando precisamente este versículo, va a la raíz del vínculo entre mansedumbre y humildad: quien desea ser alabado en sí mismo es soberbio; quien gloria en el Señor es manso. Después se atreve a una imagen casi escandalosa. El Señor quiere asnos manos: sé tú el asno del Señor, es decir sé manso. Pullus asini es, sed Christum portas: sé un pollino de asna, pero lleva a Cristo. No como el caballo o la mula, que levantan la cerviz y deben ser domados con el freno (cf. Sal 31, 9), sino como el pequeño asno sobre el cual el Señor entró a la ciudad. Aquí la profecía del rey pobre ipse pauper (el pobre), que viene sobre un asno (Zac 9, 9), releída por Mateo como la venida del rey mansuetus (manso) (Mt 21, 5) y proclamada como primera lectura del mismo domingo, vuelve en el salmo de la comunión. La mansedumbre no es quedarse quietos: es dejarse guiar por Aquel a quien se lleva. Y los mansos, agrega Agustín, son aquellos que se dignan en escuchar y convertirse en lo que escuchan: dignentur audire et esse quod audiunt (se dignan en escuchar y ser lo que escuchan). La mansedumbre no es hablar quedo: es no irritarse ante la verdad que nos convierte. [2]

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Casiodoro agrega la estocada que concierne de cerca a quien ama a la liturgia y el canto: non dixit, lege docti, non ieiunantes, non psallentes, sed mansueti laetentur (no dijo: que se alegren los doctos de la ley, ni los que ayunan, ni los que cantan salmos, sino los mansos). No los doctos de la ley, no los que ayunan, no los que cantan salmos, si no los mansos. Es una advertencia saludable: se puede saber mucho, sacrificarse mucho, incluso cantar mucho, y quedarse fuera de la alegría del salmo. El salmo no promete la alegría a los competentes, sino a los mansos; se puede cantar el salmo sin entrar en su alegría, y entra en ella quien, escuchando, abandona su propia dureza. [3]

Inmediatamente después, sin embargo, Casiodoro no deja a la mansedumbre como una devoción solitaria. Acerca de magnificate Dominum mecum (alaben al Señor conmigo) lee la alabanza como una invitación común: in invicem (mutuamente) significa compositos choros (coros ordenados), coros que en la salmodia del Señor alterna sibi successione respondent (se responden con sucesión alterna). La alegría de los mansos se vuelve así forma eclesial: no una voz que se impone sobre las otras, sino una escucha recíproca que permite al canto volverse comunión. [4]

También la melodía dice algo. Gustate et videte (prueba y verás) está en Modo III: no una melodía dulzona, sino una línea atravesada por una tensión luminosa. Los dos imperativos iniciales ascienden como una invitación que se ofrece; sobre quoniam suavis est Dominus (porque el señor es bueno [suave]) la línea se recoge y desciende. El canto no dramatiza el texto: lo hace saborear. La mansedumbre, aquí, no es suavidad; es una forma de recibir la dulzura del Señor sin pretender poseerla.

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El Communio de este domingo, entonces, no repite materialmente la palabra del Evangelio: la realiza de otra forma. Cristo dijo: discite a me (aprendan de mí). La Iglesia responde: gustate et videte (prueba y verás). La mansedumbre no se queda como una idea: se vuelve un sabor. Y los mansos escuchan y se alegran no porque la palabra sea siempre fácil, sino porque ya no necesitan defenderse de Dios.

Quizás la mansedumbre cristiana comienza así: no de hablar más quedo, sino de escuchar sin endurecerse; no de renunciar a la verdad, sino de recibirla como se recibe el pan. Audiant mansueti et laetentur: que escuchen los mansos y se alegren. Una Iglesia que todavía sabe escuchar así, puede decir la verdad sin transformarla en herida.

El artículo original en italiano puede leerse en el Blog del P. Claudio Campesato "Pes Allegoricus" en el siguiente ENLACE


NOTAS

1. San Agustín, Enarrationes in Psalmos 33, Sermón 2, 12: «Aperte modo de ipso sacramento vult dicere» («aquí ya quiere hablar abiertamente del Sacramento»). El versículo es leído en clave eucarística: saborear refiere a comer la carne y beber la sangre del Señor.

2. San Agustín, Enarrationes in Psalmos 33, Sermón 2, 5-7. En el mismo contexto aparecen en la imagen del asno manso, el borrico del Domingo de Ramos, el recuerdo del Sal 31, 9 y la fórmula «dignentur audire et esse quod audiunt».

3. Casiodoro, Expositio psalmorum 33,3, CCSL 97: «Non dixit, lege docti, non ieiunantes, non psallentes, sed mansueti laetentur».

4. Casiodoro, Expositio psalmorum 33,4, CCSL 97: «In invicem vero significat compositos choros, quando et psalmodiam Domini alterna sibi successione respondent».

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