Jueves, 02 Julio 2026

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La prensa mística

La prensa mística

Ut plena sit redemptio
Sub torculari stringitur,
Suique Iesus immemor,
Sibi nil reservat Sanguinis.

Para que sea plena la redención,
es exprimido bajo la prensa
se olvidó de sí mismo, Jesús
No conserva para sí nada de su Sangre.

Himno: Salvete Christi vulnera / Salve, oh llagas de Cristo.

Tradicionalmente, el mes de julio está dedicado al culto de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

La devoción era justificada precisamente por lo que se celebraba el 1º de julio: la Fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Fue el Papa Pío IX, en 1849, quien extendió esta fiesta a la Iglesia universal; el Papa Pío X fijo su celebración el 1º de julio: el Papa Pío XI, con ocasión del 19º centenario de la Redención, elevó su grado litúrgico

En la reforma postconciliar del Calendario romano, la fiesta propia del 1º de julio ya no permanece como celebración autónoma en el Calendario Romano General, pero el ministerio de la sangre de Cristo no fue realmente eliminado: ésta es venerada en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, en la memoria viva de la Pasión, en el culto al Sagrado Corazón, en la Exaltación de la Cruz y también a través de la posibilidad de la Misa votiva de la Preciosísima Sangre.

Más antiguo, además, es el testimonio del Oficio de la Preciosísima Sangre, con su riqueza de himnos, eucológica y devocional.

Una imagen fuerte, como cruenta y eficaz al comunicar una catequesis, nace de este contexto celebrativo: la prensa mística. Cristo es el fruto exprimido cuyo jugo, es decir cuya Sangre, se convierte en bebida de redención por los pecados del hombre.

Dicha imagen, que desde el siglo XII evoluciona partiendo del simple sarmiento con sus racimos maduros, llega a pintar minuciosamente la fuerza de ese derramamiento de sangre rosado destilado para nuestra salvación. Un ojo no entrenado para saborear la dulzura de tan gran sacrificio se limita a captar la falta de lógica brutal de la composición.

En la iconografía, el Padre acciona la prensa: no como verdugo, sino figura del amor trinitario que entrega al Hijo, y en el Hijo da a la iglesia la Sangre de la redención.

El fundamento de esta locura de amor se encuentra en la Escritura:

«En la cuba la pisé solo y de mi gente ninguno estaba conmigo. Los pisé con desdén. Su sangre salpicó mi ropa y manché todos mis vestidos» (Is 63, 3).

A las palabras de Isaías, los Padres de la Iglesia relacionan también la imagen que encontramos en el libro de los Números:

«Cortaron un sarmiento con un racimo de uva, que llevaron entre dos con una vara» (Num 13, 23).

Así comenta San Agustín:

«Me pisotean siempre mis enemigos, muchos son los que me combaten. En la hora del miedo yo confío en ti» […].

¿Por qué se mantiene en la prensa su Cuerpo, es decir la Iglesia? ¿Qué significa “en la prensa”? En las angustias. Pero muy fecundo es el hecho de ser exprimidos en esa prensa. Mientras que está en la vid, la uva no sufre presiones: aparece entera, pero nada surge de ella. Se le coloca en la prensa, se le pisa y aplasta; parece sufrir un daño, en cambio este daño la hace fecunda, mientras que, por el contrario, si se quisiera evitarle cualquier daño, permanecería estéril.

Ahora, todos los santos que sufren persecuciones por parte de aquellos que sean alejado de los santos, que estén atentos a este salmo y reconózcanse a sí mismos […].

El primer racimo de uva aplastado en la prensa es Cristo. Cuando ese racimo es exprimido en la Pasión, de Él surgió ese vino cuyo cáliz embriagador es excelente.

Sangre de Cristo, muy digna de todo honor y gloria:
¡Sálvanos!

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